domingo, 24 de enero de 2021

24 de Enero

 

  Llegó al lago: sus amigos

se encontraban laborando

en sus oficios de siempre;

echando la red, pescando.

   El lago estaba tranquilo

como un cristal reluciente

en cuyo suave oleaje

se viera el barco moviente.

   Allí estaban Pedro y Andrés

en su ruda embarcación;

y Juan, Santiago y su padre

no muy lejos, en acción.

   Jesús se acercó y les dijo:

-¡Venid, ya llegó la hora!

Seréis pescadores de hombres,

acompañándome ahora.

   Pedro y Andrés lo dejaron

todo en aquel mismo instante

y lo siguieron con gozo:

¡Jesús era fascinante!

   Y lo mismo Juan, Santiago,

dejaron con prontitud

a su padre, y le siguieron

con toda solicitud. 

 A encontrarse con los otros

fueron, en grupo animado.

Jesús les explica a todos

su proyecto ya ordenado:

   Tendrán que dejar su casa,

libres de todo cuidado.

-Sí, Maestro, lo aceptamos-

dijo Pedro decidido.

  Pero ¡ven!, que te conozcan

los familiares queridos,

y cenarás con nosotros,

con todos juntos reunidos.

   Así empieza la aventura

que cambiaría sus vidas

de un modo tan radical,

que no serán conocidas.

   La noche estaba apacible,

cuajado el cielo de estrellas;

estas nuevas aventuras

serán en extremo bellas.

 


viernes, 22 de enero de 2021

22 de Enero

 

24-1-1975

“Haré con la casa de Israel una alianza nueva” (Hb 8)

“Llamó a los que quiso y se fueron con Él” (Mc 3, 13)

            ¡Oh Jesús! Esa alianza nueva, renovada y llena de alegría es la que yo ansío que realices conmigo y la lleves a su cumbre y a su perfección…


 

            Úneme a Ti para que tus sentimientos se hagan míos y tus deseos, míos y no viva sino de tu amor y de tu voluntad. Dame un corazón nuevo para amarte con redoblado amor; y ya que me has llamado a tu seguimiento y me has contado en el número de tus elegidos, haz que esta llamada tenga eficacia eterna y que mi alma quede unida a Ti por toda la eternidad. Mientras tanto te espero, Esposo mío, con renovado anhelo. Ven a llenar mi pobre corazón; ven a dar un nuevo impulso a mi vida divina; ven a sonreírme y a amarme para que mi espíritu quede transfigurado y nuevo.

 

jueves, 21 de enero de 2021

21 de Enero

 

23-1-1975

“Jesús puede salvar definitivamente a los que por medio de Él se acercan a Dios” (Hb 7, 25)

“Encargó a sus discípulos que le tuviesen preparada una lancha, no le fuera a estrujar el gentío” (Mc 3, 9)



          San Marcos, tan gráfico en su expresión refleja con pinceladas inigualables, la apoteosis a la que había llegado en Galilea el movimiento mesiánico: las muchedumbres le seguían incontenibles;… todos se le echaban encima para tocarlo… era estrujado por el gentío. Y Jesús repartía incansable el alimento de su Palabra y de sus beneficios a todos los que acudían a Él.

          


        ¡Oh Jesús! Lo que hiciste en la tierra durante tu vida mortal, lo sigues haciendo ahora desde el silencio de tu sagrario, ya que ante el trono de Dios sigues intercediendo por nosotros. Tú eres el que nos salvas y nos proteges constantemente. Tú eres nuestro Mediador único que siempre es escuchado. Yo me acojo a tu cuidado amoroso y a tu misericordia infinita. Quiero ser alimentada por Ti, porque sólo Tú saciarás mi hambre y sed de verdad, de bondad y de amor. Junto a Ti quiero vivir siempre para escucharte, para trasladar a mi vida tu ejemplo, contagiándome de tu finura y caridad para abrasarme en tu amor.

miércoles, 20 de enero de 2021

20 de Enero

 

22-1-1975

“Jesús dijo al hombre: Extiende el brazo. Lo extendió y quedó restablecido” (Mc 3, 5)

 


            Una vez más la caridad de Jesús triunfa del legalismo de fariseos y herodianos, que por este motivo planean cómo acabar con Él. Cuando Jesús pregunta qué se puede hacer en sábado, la soberbia no les deja contestar y guardan silencio.

            Jesús entonces, sintiendo su obstinación, cura el brazo paralizado de aquel hombre.

            Jesús es el Médico divino que viene a curar los cuerpos y las almas: cura los cuerpos para despertar la fe en los corazones, aunque muchos no quieren creer.

            ¡Oh Jesús! Te contemplo dolido ante la reacción de estos hombres, que interpretan tu gran acción misericordiosa, como ¡un pecado! Estoy contigo en esta pena y te pido luz y recto juicio para conocer siempre la verdad. Tú eres la Verdad y la Vida y yo que soy el error y la nada, quiero ser objeto de tu acción bienhechora.

            Aquí estoy ante Ti, paralizada y pobre, esperando tu intervención. Desde tu sagrario sigues difundiendo el bien y el amor. “¡Dame tu amor y tu gracia, que esto me basta!”